Enviado por Keikoel septiembre 02, 2008a las 16:02
Me siento enamorada. No hay lugar a duda sobre eso. Mis días transcurren entre los quehaceres cotidianos y estar contigo, pero son esas dos, cinco, doce o veinticuatro horas las que me mueven todo el resto del tiempo, el resto del día, de la semana....
Me levanto esperando el momento en que pueda verte, después de eso ya sólo quiero abrazarte, besarte, acariciarte... hablar contigo, escucharte, reir, llorar, caminar... bajo el sol o la lluvia, da igual, siempre que esté tomada de tu mano...
Cada esquina, cada árbol, cada acera... cualquier lugar es perfecto para disfrutarlo contigo... no importa el
A veces cuando me quedo sin palabras porque el amor me oprime encuentro en la voz de otros (o de otras) aquello que quiero decir... Y, bueno, esta es una de esas veces...
Hoy me siento diferente. Un poco incompleta, tal vez, como ocurre siempre cuando no te tengo conmigo... pero, de algún modo, todavía estoy llena de ti...
Todavía me siento rodeada por tus brazos, perdida en tu olor, con la música sonando a nuestro alrededor, las risas y las conversaciones de los otros aunque suenan cerca están lejos, lejos de nosotros, no me importa si pierdo o encuentro el paso, sólo sé que en ese lapso de tiempo, mientras me abrazas, mientras mis ojos están cerrados al mundo, soy sólo tuya y tú eres mío, sólo se siente el amor en
Estoy tan cansada de hacer lo que debo y no lo que quiero. Por ejemplo, ahora quisiera estar descansando entre tus brazos, sintiendo tu aroma y escuchando el latir de tu corazón. Pero no, estoy aquí buscando la forma de encubrir tu ausencia, fingiéndome ocupada para no salir y compartir mi tiempo con los demás... esos otros que me rodean cada día pero que no me acompañan...
Es difícil escapar de la realidad, pero no es eso lo que quisiera, me gustaría transformarla en ese sueño que vislumbro en tus ojos y que escuho en tus palabras
A veces los días son tan largos como grises... y si tú no estás parece que el tiempo no pasara.
Así que aprovecho para observar tus fotos y de repente me descubro recreando en ellas el rostro de mi hijo perdido, ese rostro en el que pensé que te vería y te amaría todos los días hasta la muerte...
Es paradójico. Ahora debo conformarme con observar tu rostro para verlo a él... para amarlo a él.
Cada día el dolor cede un poco, aunque a veces me ataca sin piedad y me obliga a llorar, en silencio, claro... para no
No sé que decir. Hace ya un par de semanas que murió mi ilusión.
Me siento tan vacía.
Sé bien, que existen muchas razones para continuar, que la vida (por lo menos para mí) no se ha acabado... que el amor todavía vive... lo veo, en tus ojos, lo siento en tus besos...
Pero este sufrimiento, este dolor es tan grande... como lo fue la alegría de pensar que íbamos a dar al mundo una prueba tangible de lo que sentimos... me hiere y me atormenta... no me deja respirar... en el día, despierta, intento retomar los asuntos cotidianos con
Todo ha sucedido tan rápido que casi no me ha quedado tiempo para reflexionar, para sentir, para disfrutar, sólo vivo en el agite cotidiano de cumplir mis obligaciones y tratar de cuidarme, de cuidarnos.
Supuse que esto sería más fácil, pero parece que mi cuerpo rechaza lo que mi alma desea... esta lucha es desgastante, deprimente. La incertidumbre causa más dolor que el conocimiento, paso cada día esperando lo peor... todos me dicen que es cuestión de fe... pero nadie puede saber lo que siento...
Tengo tanto miedo de que esto no funcione. Tengo miedo
No sé cómo ni cuándo empezamos a sentir este amor que parecía imposible, pero no pasaba de ser improbable... y de repente, un día se convirtió en una realidad tangible, más allá de cualquier estadística o pronóstico.
Y ahora, cuando más te amo, cuando más cerca te siento, a pesar de las miradas y los comentarios que nos critican y nos condenan, descubro que nuestro amor fructifica, que ha sido bendecido por Dios y que contra toda corriente está creciendo en mi interior...
Desde ya empiezo a anhelar el momento en que pueda ver tus ojos en sus ojos, que
Aquí, sobre tu pecho, tengo miedo de todo; estréchame en tus brazos como una golondrina y dime la palabra, la palabra divina que encuentre en mis oídos dulcísimo acomodo.
Háblame de amor, arrúllame, dame el mejor apodo, besa mis pobres manos, acaricia la fina mata de mis cabellos, y olvidaré, mezquina, que soy, ¡oh cielo eterno!, sólo un poco de lodo.
¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las fieras!... Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.
En tus brazos, amado, quiero soñar en ellos, mientras tus manos blancas suavizan mis
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